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domingo, 18 de mayo de 2014

Star Wars Episodio I: La Amenaza Fantasma.


En mayo de 1999, el mundo vio cómo una de las sagas más influyentes de la década de 1980 comenzaba. Originalmente, cuando George Lucas urdió las ideas que se convertirían en Star Wars, no había episodios, pero sí una historia que contar. Al tiempo, y tras estrenada la primera película, se hizo patente que Lucas quería hacer no tres, sino seis o nueve películas.
Tras terminar la trilogía clásica en 1983, Lucas esperó 16 años para volvernos a presentar algo relacionado con su saga galáctica; pero los años no pasan gratuitamente, y el resultado de esa larga espera se llamó Episodio I: La Amenaza Fantasma, una película que fue sumamente taquillera, pero igualmente odiada por los fans que vieron las cintas originales en el cine.
Los niños –como yo en el momento de su estreno– amaron la película en su estreno, pero después de quince años he de reconocer que mi posición sobre Episodio I ha cambiado, de ser una fabulosa cinta, a ser la peor de la saga de Star Wars.

Sinopsis

En una galaxia muy, muy lejana, un planeta llamado Naboo es bloqueado e invadido por la Federación de Comercio; la reina de ese pequeño planeta logra huir con ayuda de dos caballeros Jedi, guardianes de la paz y la justicia en la República (una especie de confederación de planetas), de nombres Qui-Gon Jinn y Obi-Wan Kenobi.
Qui-Gon Jinn, el único personaje
que vale la pena... y lo matan.

Su viaje a la capital se ve truncado por la necesidad de reparar la nave, y aterrizan en el planeta Tatooine, donde la esclavitud y la pobreza son rutinarias. Sin fondos en dinero local, se ven obligados a recurrir a la ayuda de un joven llamado Anakin Skywalker; un esclavo local que compite en carreras de pods, quien en una espectacular carrera logra ganar el dinero necesario para efectuar las reparaciones que la nave de la reina necesita, al tiempo que gana su libertad.
Anakin se une al grupo de los caballeros Jedi para buscar convertirse en uno, y así se reemprende el viaje a la ciudad de Coruscant, un planeta entero hecho ciudad, en donde la reina expone su punto ante el Senado Galáctico, del que recibe poca ayuda, viéndose obligada a presentar un voto de no confianza en la capacidad del Canciller, forzando elecciones anticipadas de las cuales el senador de su planeta (Palpatine) pretende alzarse como ganador.
Al ver el nulo trabajo del senado, la reina decide regresar a su planeta y tratar de combatir al invasor; en tal situación, los caballeros Jedi la acompañan con el futuro de Anakin incierto (el Consejo Jedi negó prima facie la admisión de Skywalker, pero estableció que luego lo discutiría en definitiva).
La reina recibe la ayuda de unos sujetos llamados gungans, y consigue derrotar al enemigo, al tiempo que en un duelo con sables de luz, Qui-Gon Jinn es asesinado por Darth Maul, un caballero oscuro (Sith), y que Palpatine gana las elecciones y se convierte en el nuevo canciller.

Crítica

Visto con la frialdad de la sinopsis de los párrafos precedentes, la película podría sonar interesante, y en sí, su trama lo es, sin embargo; tengo que decirlo, esta es la PEOR película de Star Wars que se pudo haber producido jamás (y no guardo reservas de lo que se está haciendo actualmente toda vez que en mi opinión, lo que se haga de Star Wars después de 2012, ya no es, propiamente dicho, Star Wars en sentido estricto, sino una extensión más, pero eso será materia de análisis en otra entrada).
El 3D no ayudó de mucho a la historia.

No hay muchos argumentos a su favor, comenzando por que la película es excesivamente infantil, con una notoria falta de épica y profesionalismo en su guión. Me explico: uno entiende que Anakin Skywalker sea un personaje de 9 años de edad; pero lo que no se puede entender es que un personaje como Jar-Jar Binks pueda existir en cualquier parte del universo, sencillamente, es grotesco el número de tonterías que comete en un intento de divertir en lo que más bien debería ser el épico inicio de una saga dramática.
Por otro lado, los villanos; en efecto se entiende que serán etéreos, como el propio título del episodio lo refiere, sin embargo, el famoso Darth Maul daba para mucho más en la saga, y es cortado por la mitad por Obi-Wan Kenobi, sin que vuelva a tener participación activa en la saga.
Finalmente, el problema medular: el filme es demasiado político, desde un inicio tiene una serie de politiquerías que no encajan del todo por ser  demasiado aburridas. La política dentro de un filme no es mala, pero hacerla excesiva y además aburrida, arruina la experiencia.
Darth Maul, el villano que pudo ser.

El resto de la película son efectos visuales, rubro en el que destaca esta película, y su música, que también es digna de calificarla favorablemente. Los aspectos positivos son pocos, realmente, y los negativos pesan demasiado al hacer el balance final
Al final, la película pasa el examen; pero sólo porque sus efectos especiales, la música, la caracterización y la ambientación hacen eficientemente su trabajo, no tanto por un guión notable o un argumento excelso; en resumen, pasa no por lo esencial, sino por lo accesorio.
Mi Valoración personal:


7.5

sábado, 29 de marzo de 2014

El Abogado del Diablo: La vanidad es, definitivamente mi pecado favorito.


Keanu Reeves y Al Pacino protagonizan una cinta sobre abogados. Muchas han sido las acepciones que se han dado a la frase “Abogado del diablo”, una de ellas se suele dar a los defensores de personas que, al menos la sociedad ya considera culpables desde antes de su captura y posterior juicio; otra ha sido usada incluso por la Iglesia Católica es el apelativo popular con el que se alude al procurador fiscal en los antiguos juicios o procesos de canonización de la Iglesia Católica.
En esta ocasión no nos encontramos ante ninguna de las dos acepciones (ambas metafóricas), la película se toma muy literal la frase “Abogado del Diablo”.

Sinopsis

(Advertencia: si no has visto la película, abstente de seguir leyendo y mejor corre a verla)
Kevin Lomax (Reeves) es un brillante abogado en la provincia norteamericana, no ha perdido un solo caso. Tras un caso sumamente complicado, donde sabe a todas luces que su cliente es culpable, logra exonerarlo; ello le abre la puerta para que la firma de John Milton (Al Pacino), le ofrezca una remunerada y prestigiada plaza en Nueva York.
Lomax está casado, y hasta ese momento, todo parece ir bien; pero debido a la carga de trabajo, su armonioso matrimonio comienza a desmoronarse; Lomax cada día está más empecinado en ganar sus juicios.
Mary Ann (Charlize Theron), esposa de Lomax empieza poco a poco a (esta vez sí, metafóricamente) perder la cabeza; desea tener hijos, pero empieza a tener brutales y horrendas alucinaciones producto de una supuesta violación cometida por Milton, lo que Lomax no cree. Su mal incrementa al grado que a Lomax se le ofrece dejar su caso actual de triple asesinato para estar con su esposa; las palabras literales de Milton son: “Tal vez es tiempo de que pierdas”, pero Lomax se niega.
Mary Ann termina en un psiquiátrico; y tras otra racha de alucinaciones, se suicida finalmente. En ese momento, literalmente sólo quedan Lomax y Milton en todo Nueva York. Lomax intenta asesinar a Milton, pero las balas no le hacen daño; es allí donde Milton se revela lisa y llanamente como el Diablo; y le restriega en la cara a Lomax lo vanidoso que ha sido al no querer dejar el caso para cuidar a su esposa, a lo que Lomax responde en una frase que quedará para la historia del cine “¿Perder? ¡Yo no pierdo! ¡Yo gano!, ¡Yo gano! ¡Soy un abogado, ese es mi trabajo, eso es lo que hago!”.
Milton hace una elaborada sarta de blasfemias y  revela a Lomax (no de una forma tan poética y dramática como Darth Vader lo hiciera en 1980) que es su padre; de igual manera le revela que tiene una hermana, con quien quiere que tenga un hijo, quien vendría a ser el anticristo.
Al Pacino como el Diablo, literalmente.

Lomax, ante todo esto, cuando pareciera estar a punto de acceder, se dispara con la última bala de su pistola; pero en un sorprendente giro de la trama; todo resulta ser una especie de alucinación del Lomax al inicio de la cinta, cuando defiende el caso que lo lleva a Nueva York. Acepta entonces perder el caso y quizá su licencia de abogado, pero en otro giro tremendo de la trama, al final un reportero lo convence de vender su historia a la prensa, reportero que lejos de la vista de Lomax se transforma en Milton, dejando la frase más memorable de la película en el cierre previo a los créditos: “La vanidad es, definitivamente mi pecado favorito”.

Crítica

No sé por dónde empezar. Las películas sobre abogados tienden a ser cansadas si no se narran con la debida coherencia y versatilidad; (y eso que el que escribe es egresado de la Facultad de Derecho). La película tiene un guión fabuloso. Desde el inicio envuelve al espectador en un argumento cada vez más misterioso donde se sabe que las cosas no van bien pero se desconoce hasta qué punto; por su parte las actuaciones, sobre todo la de Pacino, son exquisitas; se puede decir que una de las mejores interpretaciones del Diablo que la pantalla haya visto.
Por otro lado, la producción es cara, está completamente detallada y con escenografías buenas, en general; además de efectos visuales buenos para su época (donde lo máximo era Titanic).
Ahora bien, el argumento tiene una esencia básica que queda plasmada en la frase final. La vanidad es una conducta que lleva a las personas a creerse de más y sentir que son mucho mejores que otras; es un exceso de autoestima. Así, el joven Lomax se ve enredado en un mundo donde es un excelente abogado que parece imparable en el camino hacia la cima, y que unos problemas con su esposa no son obstáculo para conseguir su cometido. Por el otro lado está Milton, quien personifica al mal (literalmente), aunque sea él quien en primer lugar ofrece a Lomax retirarse del caso, se sabe que la intención es provocar exactamente la vanidad.
Definitivamente se aplaude el argumento y la actuación de Al Pacino y Keanu Reeves, la verdad son pocas cosas en las que se le puede encontrar un defecto. Recomendable ampliamente.
Mi valoración personal:



Calificación:
9.5


miércoles, 15 de enero de 2014

Titanic: la película que sobornó a todo Hollywood.



Abril de 1912: un trasatlántico británico conocido por ser uno de los más grandes del mundo, naufraga en su viaje inaugural a Nueva York, llevando 2200 pasajeros a bordo. 1500 murieron.

Ese es el hecho real e irrefutable que sirvió de base para que James Cameron en 1997 realizara la oscareadísima Titanic.

Sinopsis:

(Aviso: esta sección puede contener información que si no has visto le película, quizá no quieras conocer ahora, si es así, pasa a la sección crítica)
Protagonizada por Leonardo DiCaprio (quien a la fecha no se puede quitar el estigma de esta película, pese a haber participado en otros diversos trabajos) y Kate Winslet, quien sí se pudo quitar el estigma y en 2008 le fue reconocido su trabajo con un Óscar por El Lector; y con un presupuesto de 200 millones de dólares, la cinta elaborada bajo ese argumento se convirtió rápidamente en la más taquillera de la historia, que sólo sería superada hasta 2010, por Avatar.
La película narra a Rose, una chica de 17 años de clase alta que se encuentra comprometida con Cal, que significa su salvación económica, dado que sólo mantiene las apariencias tras la muerte de su padre, que la dejó junto con su madre en la ruina. Ella viaja a Estados Unidos a bordo del Titanic, para casarse con Cal, pero en el viaje intenta suicidarse y es salvada de ese intento por Jack, un chico de clase baja de quien (como suele pasar en toda historia Hollywoodense) se enamora. Al 15 de abril de 1912, la ficción se mezcla con la insoslayable verdad histórica: el barco en que se hallan choca contra un témpano de hielo y se hundirá en transcurso de dos horas. Con un derroche de efectos visuales, se demuestra el hundimiento del barco, del cual logra sobrevivir Rose y Cal, pero no Jack. Ella decide aprovechar el alboroto producido por el naufragio y declara un nombre falso, con el que se logra zafar de Cal y de esa vida.
La historia se narra desde la perspectiva del presente, en la que un buscador de tesoros se encuentra explorando los restos del trasatlántico más famoso del mundo en busca de un legendario diamante. Una Rose de 101 años de edad le llama cuando se descubre un viejo retrato que Jack hiciera para ella 84 años antes. Al final, resulta que ella tenía el diamante, pero lo tira al mar sin que el buscador de tesoros se dé cuenta. Al final, ella muere.

Crítica

Ese es el argumento que Cameron usó para su película. Si he de ser honesto, la película es buena, tiene una muy buena ambientación, sus efectos visuales son extraordinarios para la época y su música, inmejorable. Las actuaciones son eficientes, aunque es uno de los primeros trabajos de Kate Winslet, su trabajo es bueno.
A la postre, Titanic recibiría 14 nominaciones a los premios Óscar, lo que había ocurrido una única ocasión antes: en 1950, Eva al desnudo tendría igual número de nominaciones, pero conseguiría sólo 6 estatuillas. En la ceremonia llevada a cabo el 23 de marzo de 1997, la cinta de Cameron obtendría 11 premios, cantidad igual a la obtenida por Ben-Hur en 1959, y que significaba que Titanic se convertía en la película más oscareada de la historia, dado que Ben Hur sólo había tenido 12 nominaciones.
No es que la película no sea buena, pero en realidad, en lo personal considero excesivo el número de premios que obtuvo. En primer lugar, debido a que fue una película con un gran impacto comercial: la publicidad de la misma era abrumadora, pero la trama es algo gastada, debido a que el amor imposible es el pan de todos los días de Hollywood. Lo fuerte de esta película es la precisión con que se trata el tema del barco en sí, y su hundimiento. La historia de amor es bastante predecible casi desde un inicio.
En resumen: la película es muy buena, pero no tanto como para merecer 11 premios Óscar, tal vez sea merecedora de 7, 8 tal vez, pero 11 es excesivo, la única respuesta posible es que Titanic sobornó a todo Hollywood con su tremenda publicidad e inversión millonaria.

Mi valoración personal:
Calificación:

9/10

domingo, 5 de enero de 2014

IT, de Stephen King. Un excelente libro, arruinado en su adaptación fílmica.

No fue hace mucho, en los primeros días de 2012, entré en una librería. Un libro de 1503 páginas salió en una bolsa de plástico junto conmigo y yo llevaba menos dinero para gastar. Así comenzó para mí una de las más largas travesías literarias que he vivido. Hasta ese momento, el libro con mayor número de páginas que había leído era un texto de la universidad en 2011, (Derecho de las Obligaciones, de Ernesto Gutiérrez y González, 1346 páginas), pero la novela más larga se remontaba a mucho antes: cuando en 2004 la saga de Harry Potter entregó un monstruo de 893 páginas. Y como muestra de lo larga que es la historia, fue hasta el 15 de abril de ese año que pude finalizar la lectura de semejante libro (claro, estudiando la universidad es poco lo que se puede leer por placer, pero eso no mella lo tardado que fue leer la obra de King)


Era la segunda vez que leía un texto del célebre Stephen King y, aunque conocía rasgos generales del personaje, nunca antes había visto el filme de 1990 que muchos de los de mi generación consideran “arruinó su infancia”.  Afortunadamente yo no, cumplí veintiún años leyéndolo, y por fortuna, aunque me causó miedo, no pasé una sola noche sin poder dormir por el librito.




La trama gira en torno a un personaje extraño, que es imposible denominarlo correctamente, o saber qué es, y por lo tanto los niños protagonistas (“los perdedores”, como se les denomina en el libro) le denominan It (que es el artículo infinitivo en inglés, que se traduce a menudo como “lo” o como “eso”) de ahí el nombre de la novela y su traducción al español.



Eso generalmente adopta la forma de un payaso que es una mezcla entre el payaso Bozo y Ronald McDonald, un payaso simpático, conocido como “Pennywise”, un payaso verdaderamente siniestro, dado que se alimenta del terror de los niños hasta su muerte.

En ese contexto, la trama comienza con la muerte de George Denbrough, a manos de Eso, y con ello una oleada de asesinatos infantiles que asolan el poblado de Derry, en el estado norteamericano de Maine a mediados de los años 1950, ola de asesinatos que se atraerá la atención de un grupo de niños “los perdedores”, entre los que se encuentra el hermano de George, Bill Denbrough, quien se asume como el líder del grupo.

Tras una investigación y búsqueda del payaso, que adoptará diversas personalidades durante el desarrollo de la trama, especialmente la de Bob Gray, el grupo de los perdedores lo derrotan en su escondite.
O eso creían; veintitantos años después de la primera confrontación, los perdedores ahora tienen vidas prósperas, hasta donde cabe. Bill Denbrough es un aclamado escritor casado con una actriz supermodelo, y sus antiguos amigos de la infancia tienen carreras igual de exitosas, aunque todos ellos se han distanciado entre sí, es más, ni siquiera se recuerdan, no obstante, una vieja promesa los hace regresar a su antiguo poblado cuando, en 1985, se desata una nueva ola de asesinatos infantiles.

Veinte años más viejos, sin las ilusiones y miedos de niños, los “perdedores” se vuelven a enfrentar a Eso, para quien ha sido un parpadeo en su eterna vida, pero sus enemigos han vivido un tercio de sus vidas. Contrario a sus planes, Eso es derrotado nuevamente y en definitiva, dentro del “macrocosmos”, y tras una lucha fuerte en que se descubre que “la tortuga”, personaje que ayudó a Denbrough a derrotar a Eso la primera vez, ha muerto. Pese a algunas pérdidas en el proceso, el grupo de los perdedores libra finalmente a Derry de su monstruo. El final es agridulce, pero nada malo para una historia de Stephen King.

En realidad, la historia me pareció bastante buena, narrada y estructurada de tal modo, que los años 1950 y 1980 se intercalan a la perfección en una historia que llega a su culmen de forma impresionante. El nivel de descripción y de detalle es tal, que el lector puede imaginarse todo como si ocurriera ante sus ojos. Stephen King se gana a pulso el título de maestro del terror, dado que las secuencias de miedo son descritas y desarrolladas con tal precisión y estilo, que vale la pena cada una de las mil quinientas páginas de extensión. Muy recomendable.

La película: Una comedia comparada con el libro

No me gusta juzgar así una película, porque entiendo que el productor habrá tomado todo su empeño en hacer algo decente, pero pese a las más de tres horas que dura el telefilme, no es rescatable gran cosa del mismo, es decir, la película es una bazofia.
Ni por dónde empezar. La pobre caracterización de los personajes (nunca logré diferenciar bien las escenas de 1950 de las de 1980, salvo por los vehículos) hace que todos los “perdedores” se parezcan entre sí. Todos visten igual, y sólo se puede diferenciar a Mike porque es negro, a Richie porque habla mucho y a Beverly porque es mujer. Lamentable.
La película corta muchas de las secuencias impresionantes del libro, y hace aparecer a Eso única y exclusivamente como un payaso, que, eso sí, es interpretado de forma sublime por Tim Curry, sin embargo, y pese al horror que transpira el actor, no logra convencer la caracterización tan errónea y la falta del elemento Eso, es decir, el hecho de que el antagonista debe ser más etéreo e incorpóreo que un simple payaso.
De tal suerte que, pese a que la película cuenta la historia parecida a la del libro, tiene fallos imperdonables que le quitan el sabor a Stephen King, y lo dejan más bien como una película cómica que intenta asustar (algo así como Una Película de Miedo, pero ésta era desde un inicio una película cómica) tal vez fue el haberla visto tras leer el libro de King, pero en realidad, me decepcionó bastante.
Corren rumores no confirmados de que se re adaptará el libro, esta vez para la pantalla grande. Espero que así sea, porque fueron muchas cosas las que se quedaron fuera de escena.
Mi valoración personal:
Del Libro: 
Calificación:
De la película: 
Calificación:

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viernes, 3 de enero de 2014

El Rey León: Hamlet para niños

Era el verano de 1994, yo tenía 3 años y en aquellos días visitaba las salas de cine muy a menudo, dado que mi papá trabajaba en el cine. La película infantil del año se titulaba “El Rey León”.

Como muchos de los niños de mi edad, vi El Rey León como la historia de un leoncito que toma su lugar en lo que en la historia se denomina “el ciclo de la vida”. Por aquellos días era completamente ignorante de las obras de William Shakespeare y juzgué la película como una –por fin- obra original de los estudios Disney, dado que todas las historias anteriores que yo conocía (Blancanieves, la Cenicienta, Pinocho, entre muchas otras), resultaban ser obras que era bien sabido, ya se habían escrito antes.
La historia me impactó profundamente. Es fácil como niño identificarse con Simba, el príncipe atrabancado y malcriado que quiere convertirse en Rey, quiere crecer porque, en su concepto, los adultos pueden hacer lo que quieran sin consecuencias. Nada más equivocado, como lo verá el personaje principal; pues tendrá que afrontar el hecho de que no sólo él es el verdadero Rey a la muerte de su padre, sino que debe luchar contra su tío, quien usurpó el trono llevando casi a la ruina al reino. Tras el inevitable enfrentamiento, el usurpador es vencido y todos felices y contentos. Esa es, a grandes rasgos, la historia de El Rey León.


Muchos años después, me vine a enterar que la película de animación que considero mi favorita (de una lista muy corta, realmente) no es sino una adaptación de la antiquísima obra de William Shakespeare, Hamlet, escrita a principios del siglo XVII.
Hamlet comienza con la aparición del fantasma del Rey Hamlet de Dinamarca a su hijo, a quien le ordena que vengue su muerte, revelándole que fue asesinado por su hermano Claudio. En este caso, Hamlet no es un niño malcriado que quiere ser rey por los beneficios de serlo, es más bien un adolescente-adulto (la obra en realidad no revela la edad del personaje, pero en mi muy humilde opinión su edad debería oscilar entre los 19 y los 28 años). Es un personaje que guarda el luto de su padre (Es importante establecer que mientras El Rey León narra cabalmente la muerte de Mufasa, de tal suerte que al inicio de la historia, éste está vivo y muere durante la historia; en el caso de Hamlet, la historia comienza después de la muerte del Rey Hamlet, lo que en El Rey León sería casi a la mitad de la película), y que se encuentra anonadado dado que poco tiempo tiene de muerto su padre, y su madre ya se ha casado con su tío, quien ha asumido el trono de Dinamarca.
Allí se nota una diferencia aún mayor: en El Rey León, Scar convence a Simba de que tiene la culpa de la muerte de su padre, y que le conviene huir, es decir, queda perfectamente claro que para Scar, Simba es un obstáculo para acceder al trono, mientras que en Hamlet, Claudio se limita a liquidar a su hermano el Rey Hamlet, sin reparar en su sobrino del mismo nombre, es decir, mientras en El Rey León la huida de Simba es algo que sucede inmediatamente después de la muerte de Mufasa, en Hamlet ello no ocurre hasta avanzada la obra (teniendo en consideración que la obra inicia cuando el Rey Hamlet ya ha muerto).

Disney y sus cambios

Como ya venía ocurriendo en sus anteriores producciones, Disney cierra el paso a las partes menos favorecedoras de la historia. En efecto, en la obra de Shakespeare la madre de Hamlet, Gertrudis, se casa con el nuevo rey Claudio, y existe una relación amorosa entre ambos (que no es otra cosa que incesto). Por su parte, Hamlet desde el primer momento está decidido a vengar la muerte de su padre, sin que obste para ello el idilio que sostiene con Ofelia, e incluso (en un acto claro de confusión, pero ello no merma el instinto asesino del personaje) mata a Polonio.
Todas esas escenas y actitudes, icónicas de la obra de Shakespeare, fueron cortadas de tajo por la casa Disney. En cierto modo es correcto ese proceder, debido a que la obra de Shakespeare está pensada a un público más adulto y, finalmente, el negocio de Disney es hacer películas para niños.
Sin embargo, las mayores discrepancias se encuentran hacia el final de la historia, donde, por un lado Shakespeare no entrega un final feliz, sino uno en donde la lucha principal se da entre Laertes y Hamlet, dando como resultado final la muerte de ambos personajes, pero a su paso mueren Claudio y Gertrudis, y dado que Ofelia muere desde el inicio del quinto acto, se puede decir que todos los personajes principales de la historia mueren al final de la misma.
Ello no ocurriría en El Rey León, Simba obliga a Scar a confesar sus actos, y el duelo principal se da entre ellos (cabe resaltar que el personaje de Laertes no tiene equivalencia en El Rey León, dado que Simba nunca mató nadie que pudiera ser el padre de Laertes).
La historia termina mostrando la derrota de Scar, como única víctima fatal de la lucha, Simba retoma su puesto como rey y todos felices y contentos.
En realidad, la historia de Hamlet es excelente, y cualquier adaptación basada en la misma garantiza ser entretenida e interesante, El Rey León, como ya se apuntaló, tiene el sello de Disney por todos lados, quitando las partes que no serían “aptas para niños” y más para los niños de 1994, quienes no teníamos una televisión tan sexuada y violenta como la de hoy en día. Disney logró hacer una adaptación decente de una obra de Shakespeare, aunque, como es obvio, la gran mayoría se quedará con la historia original, pero como introducción de la obra más importante de la literatura occidental, sirve.
El defecto principal de El Rey León no radica ni siquiera en la película en sí misma, sino en las secuelas que vieron la luz años después. Si Hamlet es la obra más importante de la literatura occidental, definitivamente Romeo y Julieta es la obra más copiada, adaptada y representada de la literatura occidental.

La casa Disney, al ver que funcionó la obra basada en Hamlet, cayeron en la trampa de las segundas partes. Con poquísimas excepciones, las segundas partes, por lo general, no son buenas, sobre todo, si ellas no fueron correctamente estructuradas desde un inicio (Verbigracia: El Señor de los Anillos ya tenía estructuradas sus tres partes y de hecho el autor la escribió como un solo libro, y fue cuestión editorial dividirla en las tres partes que hoy conocemos: La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey) no obstante, El Rey León no tenía una historia preestablecida, y los productores se decantaron por adaptar la obra más reproducida de la historia, pretendiendo hacer un Romeo y Julieta, obra que, a diferencia de Hamlet, tiene tal exposición al mercado y tal número de representaciones y adaptaciones, que el público conoce la línea argumental a la perfección y resulta perfectamente predecible. La primera parte de El Rey León fue magnífica, estupenda y con creces una de mis películas favoritas, su secuela es digna de verse una sola vez en la vida, y nada más.
¿Qué te parece la obra? ¿Estás de acuerdo? Danos tu opinión.