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sábado, 12 de abril de 2014

Gravity: mandemos a Newton a volar…


En 2004, Alfonso Cuarón se convirtió en el primer y único no-británico en dirigir una película de la serie Harry Potter; a partir de ese suceso, Cuarón se volvió famoso fuera de su país de origen (México), y aún más al verificar que ha sido, al menos en opinión de este crítico, quien mejor ha dirigido una cinta del joven mago.
Nueve años después, Cuarón nos presenta una cinta completamente distinta; ésta vez su escenario es el espacio exterior; una cinta que lleva por nombre algo que no veremos en toda la cinta sino hasta el final: la gravedad.

Sinopsis.

La primera premisa de la película es: la vida en el espacio es imposible; tal vez debió especificar que la vida como el ser humano la conoce, en el espacio es imposible, pero al efecto es lo mismo; así vemos a la Dra. Ryan Stone acudir por vez primera al espacio, en compañía de un ya veterano astronauta Matt Kowalsky, su viaje tiene como propósito realizar diversas reparaciones al telescopio espacial Hubble. Al poco tiempo de haber iniciado las reparaciones, una nave rusa inservible (¿por qué los villanos en esta clase de películas han de ser o rusos o alemanes?, por favor, ya superen la Guerra Fría y la Segunda Guerra Mundial) es destruida por sus connacionales y provoca que una serie de desechos viajen directo hacia los protagonistas.
A esto, control de misión les indica que deben abortar, pero la Dra. Stone no lo hace a tiempo y se produce el desastre, del que sólo sobreviven Stone y Kowalsky, sin embargo, Stone se ha soltado y es imposible que se mueva hacia la Estación Espacial Internacional; ello conlleva a que Kowalsky la vaya por ella, para posteriormente emprender el camino a la Estación Espacial Internacional. Al llegar a su destino, Kowalsky se enreda y podría llevar a la Dra. Stone a la deriva si esa situación continúa, por lo que, desoyendo las protestas de Stone, Kowalsky se suelta para una muerte segura y Stone entra en la Estación que está completamente vacía y que se encuentra averiada, por lo que su cápsula no le permitirá llegar a la Tierra, pero sí a un satélite chino cercano.
Tras una serie de maniobras y una gran alucinación, Stone logra llegar a la estación china y posteriormente reingresar a la Tierra.

Crítica.

Lo dicho: Cuarón es un director estupendo. Las películas espaciales ya no son cosa del otro mundo desde que Star Wars hiciera su aparición en 1977, pero la veracidad con que se presentan estas escenas y la realidad en que el espectador se ve envuelto al advertir que en verdad, si uno se suelta estando en el espacio, pocas posibilidades hay de sobrevivir; es sobrecogedora.
Alfonso Cuarón ganando el Óscar al Mejor Director

Por otro lado la narrativa de la historia hace que la película no sea aburrida, aunque también genera confusión el hecho de que, si bien la Dra. Stone intenta hablar con Houston, ni el control de misión ni la NASA parecen tener el más mínimo conocimiento de lo que ocurre, lo que, contrastando con la veracidad de las escenas de ingravidez, resulta inverosímil.
No obstante, existe un despilfarro de efectos visuales que engrandecen toda cinta que verse sobre el espacio, además de un sonido bastante bien logrado a razón de que desde un principio se nos explica que en el espacio no se escucharían las ondas sonoras, y por lo tanto no somos capaces de oír golpes o ese tipo de cosas.
Esta historia es buena por un motivo adicional: todo lo que ocurre allí tiene base científica y por lo tanto, el espectador está plenamente consciente de que puede ocurrir, es decir, que es una historia que aunque ficticia, realmente puede pasar. La historia me pareció buena, bien narrada y editada, a pesar de que es prácticamente un monólogo de la Dra. Stone, realmente se sufren con ella todas las peripecias que tiene,  y se goza con ella el momento del reingreso a la Tierra.
Por ello y la impecable dirección de Alfonso Cuarón, agregada a la actuación de Sandra Bullock y George Clooney, la película es un verdadero logro cinematográfico, digna merecedora de siete premios Óscar.

Mi Valoración Personal:



Calificación:
9.7


miércoles, 8 de enero de 2014

Harry Potter y el Prisionero de Azkaban: la favorita de muchos.


En 1999, J.K. Rowling escribió la tercera parte de su mundo mágico. Hasta entonces, el más largo de la serie, aunque no por mucho tiempo. En el invierno de 2002, el libro llegó a mis manos, tras haber leído sus dos predecesores.
La historia inicia con la revelación: Sirius Black, un terrible asesino, aliado del salinista innombrable ha escapado de Azkaban. Por otra parte, tras una confrontación con sus tíos, Harry Potter ha escapado y vuelto al mundo mágico de la forma más descabellada posible: a bordo de un autobús invisible. Con esos datos, la trama inicia con el tercer curso de Potter en Hogwarts y las extrañas medidas de seguridad que se han impuesto al castillo. Los guardias de Azkaban, unas criaturas denominadas “Dementores” aguardan las entradas del colegio y crean un efecto nocivo en el protagonista más que en cualquier otro personaje de la historia. La explicación: el fantasma del pasado de Potter, por su encuentro temprano con Voldemort en el asesinato de sus padres ocurrido doce años antes, hace a Harry un sujeto hipersensible a los dementores.
Con la ayuda de un nuevo personaje, el profesor Lupin, Harry aprende a controlar a los dementores, pero al tiempo descubre un terrible secreto: Sirius Black vendió a Lily y James Potter (sus padres) a Voldemort, dado que era su amigo y guardián secreto del lugar donde habitaban, revelando así su paradero para que Lord Voldemort les diera caza; incluso, Black es de hecho, el padrino de Harry Potter.
Tras un par de fallidos intentos de Black de entrar al castillo de Hogwarts, la rata de Ron Weasley desaparece misteriosamente, y un buen día, esta aparece, aunque en el acto, un perro negro ataca al propietario de la rata y lo arrastra a un lugar secreto. Una vez allí, los protagonistas se darán cuenta que el perro no es perro (es Sirius Black) y la rata no es rata (es un tal Peter Pettigrew, quien se creía muerto desde hace doce años, asesinado por Black) También se descubre que fue Peter quien vendió a los padres de Harry a Voldemort, dado que en el último momento él era el guardián secreto.
Con esa información, Harry se decide a entregar a Pettigrew a los dementores, pero justo en medio del viaje, el profesor Lupin (quien reveló varios de los secretos descritos en el párrafo precedente) se desvela a sí mismo como hombre lobo y da la casualidad (uy, qué casualidad) que es luna llena, y se transforma; por lo que Pettigrew logra escapar. Los dementores atrapan a Black, pero antes de que le extraigan el alma como castigo final, Harry, con ayuda de un viaje en el tiempo con su amiga Hermione (no es tan interesante como suena, aquí no había un DeLorean volador, sino un artefacto denominado giratiempo), logra liberar a Black y éste consigue escapar.
La trama termina así, nuevamente con un “todos felices y contentos”, pero por tercera vez la fórmula del Sherlock Holmes mágico funcionó. Rowling entregó una historia llena de intriga, en la que las páginas pasan volando, por la avidez que se infunde en el lector de continuar hasta el final, con la característica narrativa de Rowling, entrega una obra (un poco) más madura que sus predecesoras y que (para variar un poco) no contempla el regreso de Voldemort en un futuro cercano, cambiando de villano principal, y dando un giro espectacular hacia el final de la historia.

La película: La última que valió la pena, al menos hasta 2010

Un cambio interesante en la dirección de la adaptación cinematográfica hizo a mi compatriota, Alfonso Cuarón, ganador del Óscar al Mejor Director en 2014, convertirse en el director de la tercera entrega de Harry Potter. Ya reconocido anteriormente, Cuarón dio cambios interesantes en la decoración, vestuario y personificación. Esta entrega contó también con el cambio del actor que interpreta al profesor Dumbledore, dado que el anterior, Richard Harris, falleció en 2002, poco después del estreno de la segunda cinta.
Ello llevó a que Michael Gambon asumiera el puesto de director de Hogwarts, y, sin mayores cambios de elenco, aunque sí de fotografía y de escenificación, se llevara una película a la altura de la madurez demostrada en el tercer libro de Rowling.

Los efectos visuales fueron impresionantes, sobre todo en la escena final con los dementores, y ya no parecen más sacados de una consola de videojuegos, sino verdaderos efectos visuales, hechos magistralmente por la empresa Industrial Light and Magic (la misma que hizo lo propio para las películas de La Guerra de las Galaxias).
En general, para mí, y no por haber sido dirigida por un mexicano, la película es la mejor de la serie Harry Potter. En menos tiempo (2 horas 21 minutos, en comparación con las 2 horas 40 minutos de La Cámara de los Secretos y La Piedra Filosofal), logró adaptar casi a la perfección la historia de Rowling, añadiendo elementos nuevos e interesantes, una película visualmente mejor que sus predecesoras.


Mi valoración personal

Del libro:
Calificación:
9

De la película:
Calificación:
9