viernes, 10 de enero de 2014

El lector: intriga, un romance con un terrible secreto.


En la primavera de 2012 llegó a mis manos un libro de apenas doscientas páginas y cuya adaptación cinematográfica se hizo con un sinnúmero de nominaciones y varios premios de las principales academias de cine en todo el mundo.

Sinopsis

(Aviso: Esta sección puede contener información que quizá no quieras conocer ahora mismo, si es así, sáltala y continúa leyendo en la sección Crítica)
Bernhard Schlink, un abogado y escritor alemán nos narra la historia de Michael Berg, un adolescente de 15 años que se enferma de hepatitis. En los inicios de la enfermedad, cuando ésta comienza a mostrar síntomas, un día lluvioso de la Alemania Federal de 1958, sufre un episodio de vómito en un edificio al volver a casa. En ese momento, una de las habitantes del edificio llega, y ayuda a Michael a limpiarse y a llegar a casa sano y salvo. El muchacho pasa los siguientes tres meses en casa a causa de la enfermedad que lo aqueja.
Pasada su enfermedad, Michael regresa a agradecer a la mujer su ayuda en aquél momento. En ese encuentro, la mujer, cuyo nombre es Hanna, descubre a Michael espiándola mientras se cambia, puesto que él se siente atraído hacia ella. Michael sale corriendo tras ser descubierto, pero días más tarde regresa al lugar, donde Hanna le pide que le ayude a recoger carbón. Cuando se percata de que se Michael se ha ensuciado con el carbón, Hanna le ofrece un baño y lavarle la ropa. Allí comienza un idilio que durará unos meses, con una rutina interesante: Hanna y Michael tienen relaciones sexuales, pero previamente ella le pide a él que le lea algún pasaje de sus libros del colegio.
El idilio tiene particularidades interesantes: pese a su constante encuentro físico, Hanna es muy reservada emocionalmente, y se muestra algo fría (más de lo que suelen ser los alemanes). La rutina de tener sexo tras la lectura se hace constante siempre que Michael regresa de la escuela y Hanna de su trabajo como verificadora de boletos en el tranvía.
Un buen día, Hanna desaparece sin dejar el menor rastro. A Michael le afecta un poco, pero logra superarlo con el tiempo.
Siete años más tarde, Michael es ahora un estudiante de la carrera de Derecho, y es llevado a presenciar un juicio en contra de varias mujeres que servían de guardias en Auschwitz y que habían permitido que muchas mujeres murieran en el incendio de una iglesia, al no dejarlas salir.
Una de las juzgadas es precisamente Hanna, quien debido a su intención de aceptar los crímenes que le son imputados, es rápidamente colocada como la que había ordenado todo lo sucedido, es decir, que el resto de las juzgadas seguían sus órdenes. El problema es que Hanna es analfabeta, sin embargo, en aras de ocultar su condición, reconoce los documentos que se le atribuyen, y consigue así una sentencia por cadena perpetua. De igual forma, en el juicio se descubre que Hanna seleccionaba a las prisioneras más débiles para que les leyera en voz alta; y después de eso las enviaba a una muerte segura en la cámara de gas.
Así, pasan los años, y un buen día, Michael, ya crecido y con una hija producto de un naufragado matrimonio, decide grabar cintas de lecturas de diversos libros de literatura clásica, y enviarlos a la prisión donde Hanna se encuentra recluida. De este modo, Hanna consigue, de forma autodidacta, aprender a leer y escribir. Michael es testigo de su progreso, pero rehúsa contestar a Hanna con algo más que con las grabaciones. Finalmente, un día recibe una llamada comunicándole que Hanna será puesta en libertad tras 18 años, y dado que es la única persona que se ha puesto en contacto con ella, de él será la tortuosa tarea de encontrarle casa y trabajo.
Michael prepara todo para la liberación de Hanna, e incluso la visita días antes de que se suceda su liberación, pero justo un día antes de que ello ocurra, Hanna se suicida. Michael queda obviamente devastado; y se entera de que Hanna había dejado alguna clase de testamento, en el cual pide que sus ahorros sean donados a la única superviviente del incendio de la iglesia. Tras tratar de entregárselo, la mujer se rehúsa, pero accede a que sea donado a una organización judía que luche contra el analfabetismo.
De vuelta a Alemania, Michael visita la tumba de Hanna por única vez.

Crítica

La historia que plantea Schlink es por demás interesante. En primer lugar se trata de la historia de la Alemania tras un período que sus habitantes quisieran olvidar por completo, los horrores y atrocidades vividas en el período de 1939 a 1945 son innumerables. De este modo Schlink nos pone el tablero, y las piezas con magistral simplicidad, puesto que no se complica con descripciones demasiado detalladas, y narra con fluidez y maestría una historia con giros y secretos que se conjugan de una manera que es pocas veces vista.
La trama es madura, con su toque de sexo, historia verdadera, ficción y drama legal que atrapará a muchos lectores y, en mi opinión es una brillante obra de ficción que pudo ser realidad, y que en ello recae su mérito, definitivamente el autor tuvo un genio enorme al escribirla y más al idearla, la historia vale la pena, se mire por donde se mire, y se lee en poco tiempo, lo que hará que los lectores más perezosos la puedan terminar en poco tiempo. Muy buena.

La película: Inmejorable.


Las adaptaciones cinematográficas tienen un estándar que cubrir, y se trata obviamente de la obra que les dio base. Esta película cuenta con actores de primera talla, Kate Winslet como Hanna, Ralph Fiennes como Michael adulto, David Kross como Michael adolescente, entre otras interesantes como Bruno Ganz (quien interpretara magistralmente al Führer en La Caída) en el papel de un profesor de Michael durante el juicio, hacen una suma de gran interés.
Las actuaciones simplemente están sublimes. Kate Winslet se lleva el óscar (literalmente) por esta película, y el resto del elenco lo hace estupendamente. La escenografía y caracterización son tan buenas que se logra distinguir correctamente los saltos temporales de la historia; aunado a una edición bastante lograda, en donde las similitudes con el libro son tan marcadas y profundas, que es poco lo que se queda fuera de la adaptación.
Definitivamente esta película es una de las mejores adaptaciones cinematográficas que he visto, y me atrevo a decir que una de las mejores películas también. Simplemente, excelente.

Mi valoración personal:

Del libro:
Calificación:
9.5


De la película:
Calificación:
9

jueves, 9 de enero de 2014

Harry Potter y el cáliz de fuego: del encanto literario al desencanto cinematográfico.

El verano de 2003 llegó a mis manos –por fin- el cuarto libro de la serie Harry Potter, que había sido publicado en el año 2000. Este libro inauguraba los libros “gordos” de la serie, con 630 páginas, sería difícil de olvidar.

La trama de este libro tenía un nuevo tono, más siniestro y oscuro que sus predecesores. Harry Potter acude e los mundiales de quidditch, en donde ocurren sucesos extraños. Tras el partido final, el emplazamiento donde se encuentra el estadio se ve asediado por sujetos con capas y máscaras; asediando gente y torturándola. Tras la aparición de la marca tenebrosa, símbolo del perenne Lord Voldemort, la situación se apacigua.
Días después, Harry regresa a Hogwarts, donde se anuncia que ese año se sucederá el “Torneo de los Tres Magos”, una competición entre tres colegios cuya sede será el propio castillo. Para elegir a los tres magos, se utilizará un objeto mágico conocido como el Cáliz de Fuego, el cual escogerá a uno – y sólo uno – de los participantes de cada colegio. La regla será además que sólo los mayores de 17 años puedan competir en el torneo.
Eso deja fuera a Harry Potter de la competencia, al menos, en apariencia; porque de un modo inexplicable, su nombre aparece en el Cáliz, y es seleccionado, aunque el campeón de Hogwarts es Cedric Diggory (en realidad, es cierto que el auténtico campeón es Cedric Diggory, Harry es más bien un “colado” en el torneo).
Con cuatro campeones, y sin que Harry haya hecho absolutamente nada para que su nombre apareciera en el Cáliz, la sospecha es que alguien intenta colarlo en el torneo. Ello, aunado a que Voldemort (para variar, y reitero que cualquier parecido con Salinas de Gortari es pura coincidencia) parece estar moviendo los hilos y ganando más fuerza, las pruebas del torneo comienzan. Harry se enfrenta a dragones, sirenas y toda clase de situaciones (incluida la necesidad de conseguir pareja para un baile), Harry llega hasta el final del torneo. Cuando la tercera prueba termina y Harry empata con Cedric como campeones del torneo, dando la victoria a Hogwarts, algo sucede. Harry es inmediatamente transportado a un cementerio donde se encuentra la tumba de un tal Tom Riddle. De entre las sombras surge un resplandor verde, y Cedric Diggory cae muerto al lado de Harry. Aparece Peter Pettigrew, el fugitivo del libro anterior, que toma la sangre de Harry para una poción de la que emerge Lord Voldemort resucitado.
Harry logra escapar de Voldemort tras un evento en el que las varitas de ambos se conectaron y Harry pudo ver un espectro de sus padres salir de la varita de Voldemort. Una vez más, Harry escapa (Voldemort 0-4 Harry) y logra regresar al colegio. Allí, se desenmascara al nuevo profesor y ex auror Ojoloco Moody como un seguidor de Voldemort que puso el nombre de Harry en el cáliz. Tras una discusión acalorada con el Ministro de Magia, Dumbledore, el director de Hogwarts, se distancia del ministerio, y el libro termina con negras perspectivas ante el regreso de Voldemort.
Rowling logra dar un giro a su forma de escribir. Va del Sherlok Holmes mágico (que sigue utilizando) a mostrar elementos más del estilo Indiana Jones, de aventura mezclada con ese suspenso etéreo que infunde Voldemort. El Libro vale cada una de las 600 páginas que contiene, sin ser aburrido o cansado en algún punto. Pese a mantener elementos clásicos desde el inicio de la historia, da una nueva perspectiva que, en mi opinión, estuvo bastante bien lograda.

La película: sólo se salvan los dragones (y Emma Watson, por supuesto)


Por dónde empezar. El pecado capital de la saga cinematográfica de Harry Potter  fue cambiar de director cada dos por tres, y este es quizá el cambio menos afortunado de su historia.
Mike Newell sucedió a Alfonso Cuarón como director de Harry Potter en una película que habría de estrenarse en 2005, y con ello pasar a competir con Star Wars Episodio III: La Venganza de los Sith, con la presión mercadológica que ello supone, dado que Star Wars entregaría lo que sería quizá la más esperada de sus cintas.
A todos aquellos que digan que esta película es buena, les pido algo: dejen de lado el tema de los dragones y díganme, ¿qué hay de rescatable en la película? La respuesta es, lisa y llanamente: nada. Unos mundiales de quidditch que daban para más, una marca tenebrosa bastante oscura y una serie de cambios garrafales en los que se incluye, cambiar al autor de uno de los logros de Harry en la segunda prueba del torneo y la eliminación total del contenido del laberinto de la tercera prueba, son cambios que, uno tras otro se ven y pesan de una forma insoslayable.
El único rubro que resaltó fue la secuencia de los dragones en la primera prueba. Muy bien lograda en efectos visuales, pero poca cosa más, que consiste en su mayor parte en la revelación de Hermione Granger como una muchacha guapísima, si se me permite decirlo, ya no la sabelotodo imparable con el pelo enmarañado, sino una verdadera belleza, Emma Watson le fue como anillo al dedo al personaje en este punto de la historia.
En realidad, la película me pareció bofa, a la que le faltaron elementos clave del libro y mostrar más el misterio y los giros del libro, centrándose demasiado en la trama del torneo de los tres magos. En resumen, la película es una bazofia.
Mi calificación personal:
Del libro:
Calificación:
8

De la película:
Calificación:
5

miércoles, 8 de enero de 2014

Harry Potter y el Prisionero de Azkaban: la favorita de muchos.


En 1999, J.K. Rowling escribió la tercera parte de su mundo mágico. Hasta entonces, el más largo de la serie, aunque no por mucho tiempo. En el invierno de 2002, el libro llegó a mis manos, tras haber leído sus dos predecesores.
La historia inicia con la revelación: Sirius Black, un terrible asesino, aliado del salinista innombrable ha escapado de Azkaban. Por otra parte, tras una confrontación con sus tíos, Harry Potter ha escapado y vuelto al mundo mágico de la forma más descabellada posible: a bordo de un autobús invisible. Con esos datos, la trama inicia con el tercer curso de Potter en Hogwarts y las extrañas medidas de seguridad que se han impuesto al castillo. Los guardias de Azkaban, unas criaturas denominadas “Dementores” aguardan las entradas del colegio y crean un efecto nocivo en el protagonista más que en cualquier otro personaje de la historia. La explicación: el fantasma del pasado de Potter, por su encuentro temprano con Voldemort en el asesinato de sus padres ocurrido doce años antes, hace a Harry un sujeto hipersensible a los dementores.
Con la ayuda de un nuevo personaje, el profesor Lupin, Harry aprende a controlar a los dementores, pero al tiempo descubre un terrible secreto: Sirius Black vendió a Lily y James Potter (sus padres) a Voldemort, dado que era su amigo y guardián secreto del lugar donde habitaban, revelando así su paradero para que Lord Voldemort les diera caza; incluso, Black es de hecho, el padrino de Harry Potter.
Tras un par de fallidos intentos de Black de entrar al castillo de Hogwarts, la rata de Ron Weasley desaparece misteriosamente, y un buen día, esta aparece, aunque en el acto, un perro negro ataca al propietario de la rata y lo arrastra a un lugar secreto. Una vez allí, los protagonistas se darán cuenta que el perro no es perro (es Sirius Black) y la rata no es rata (es un tal Peter Pettigrew, quien se creía muerto desde hace doce años, asesinado por Black) También se descubre que fue Peter quien vendió a los padres de Harry a Voldemort, dado que en el último momento él era el guardián secreto.
Con esa información, Harry se decide a entregar a Pettigrew a los dementores, pero justo en medio del viaje, el profesor Lupin (quien reveló varios de los secretos descritos en el párrafo precedente) se desvela a sí mismo como hombre lobo y da la casualidad (uy, qué casualidad) que es luna llena, y se transforma; por lo que Pettigrew logra escapar. Los dementores atrapan a Black, pero antes de que le extraigan el alma como castigo final, Harry, con ayuda de un viaje en el tiempo con su amiga Hermione (no es tan interesante como suena, aquí no había un DeLorean volador, sino un artefacto denominado giratiempo), logra liberar a Black y éste consigue escapar.
La trama termina así, nuevamente con un “todos felices y contentos”, pero por tercera vez la fórmula del Sherlock Holmes mágico funcionó. Rowling entregó una historia llena de intriga, en la que las páginas pasan volando, por la avidez que se infunde en el lector de continuar hasta el final, con la característica narrativa de Rowling, entrega una obra (un poco) más madura que sus predecesoras y que (para variar un poco) no contempla el regreso de Voldemort en un futuro cercano, cambiando de villano principal, y dando un giro espectacular hacia el final de la historia.

La película: La última que valió la pena, al menos hasta 2010

Un cambio interesante en la dirección de la adaptación cinematográfica hizo a mi compatriota, Alfonso Cuarón, ganador del Óscar al Mejor Director en 2014, convertirse en el director de la tercera entrega de Harry Potter. Ya reconocido anteriormente, Cuarón dio cambios interesantes en la decoración, vestuario y personificación. Esta entrega contó también con el cambio del actor que interpreta al profesor Dumbledore, dado que el anterior, Richard Harris, falleció en 2002, poco después del estreno de la segunda cinta.
Ello llevó a que Michael Gambon asumiera el puesto de director de Hogwarts, y, sin mayores cambios de elenco, aunque sí de fotografía y de escenificación, se llevara una película a la altura de la madurez demostrada en el tercer libro de Rowling.

Los efectos visuales fueron impresionantes, sobre todo en la escena final con los dementores, y ya no parecen más sacados de una consola de videojuegos, sino verdaderos efectos visuales, hechos magistralmente por la empresa Industrial Light and Magic (la misma que hizo lo propio para las películas de La Guerra de las Galaxias).
En general, para mí, y no por haber sido dirigida por un mexicano, la película es la mejor de la serie Harry Potter. En menos tiempo (2 horas 21 minutos, en comparación con las 2 horas 40 minutos de La Cámara de los Secretos y La Piedra Filosofal), logró adaptar casi a la perfección la historia de Rowling, añadiendo elementos nuevos e interesantes, una película visualmente mejor que sus predecesoras.


Mi valoración personal

Del libro:
Calificación:
9

De la película:
Calificación:
9

martes, 7 de enero de 2014

El Exorcista, de William Peter Blatty

Año 2010, yo tenía 19 años. La falta de historias de terror en mi infancia me llevó a alejarme del género después de la fatídica historia de Drácula, leída seis años antes. Esta sería la segunda vez que el terror se asomara por la portada de un libro y… no me decepcionó en absoluto.

Si un libro de terror alcanza estándares elevados es precisamente la obra de William Peter Blatty. Definitivamente, el tema de los exorcismos como central en un libro de terror era un terreno inexplorado hacia inicios de los años 1970, y es de reconocerse, Blatty tiene una pluma excelente.

Sinopsis

La historia narra a Regan, una niña hija de una actriz divorciada, que vive en Washington D.C., la cual tiene un problema que es catalogado en principio como de salud. En realidad, la primera mitad del libro narra cómo la vida de la niña se va menoscabando cada vez más sin que sea posible encontrar una explicación posible. La revelación central del libro es que la niña no tiene problemas de salud en absoluto, se encuentra poseída por el demonio.
Pese a que la madre de la niña es atea, busca ayuda y recurre finalmente a la iglesia católica. En el mismísimo momento en que un sacerdote llamado Karras ingresa a la casa donde se encuentra la niña, la batalla comienza. Con ayuda del ritual romano y otro sacerdote, Karras se enfrenta a la posesión diabólica en su forma más grotesca. Conforme la historia avanza, se revela que en el fondo, el ente que domina a la niña no va tras ella, ella es más bien un daño colateral que sirve de vía para el enfrentamiento con Karras, a quien finalmente logra atacar a Karras, dejando todo en manos del segundo sacerdote, llamado Merrin, quien, pese a tener problemas de fe, se sacrifica en un final inesperado para salvar a Regan.

Crítica

En general, la historia de El Exorcista es diferente e interesante, el exorcismo siempre ha sido un tema tabú, debido a lo común que es emplearlo contra males psiquiátricos. El autor le da su debida importancia al exorcismo, situándolo, a mi parecer, en su exacta dimensión, logrando con sus descripciones una cercanía con el verdadero terror (ese terror psicológico que sólo un buen libro del género puede otorgar) tal, que llega un punto donde, por más aterrorizado que se esté, no es posible parar de leer.
Peter Blatty hizo un excelente y escalofriante libro de terror que, además, deja al lector con la sensación de “a cualquiera le podría suceder”. Lo recomiendo ampliamente, muy bueno.

La Película: Reflejo

Si bien es cierto que una cinta cinematográfica no puede compararse con el terror que genera el libro (debido a que la imaginación, a mi parecer, es mucho más grande que cualquier director de cine) sí logra transmitir la parte grotesca y dura del libro. En realidad, las escenas de Regan siendo exorcizada son cuidadosamente tratadas, y, verdaderamente logra reflejar el libro en que se basa.

Si he de ser honesto, cuando vi la película me costó trabajo entender que no podría acercarse al terror que tiene el libro, debido al detalle imaginativo y siniestro que es imposible reflejar, al grado que, en mi opinión, si se ha leído el libro, la película resultará poco menos que una comedia, y no por la realización (que es excelente) sino porque, en realidad, sólo el libro puede lograr transmitir esos fantásticos terrores. No obstante, vista la película en solitario, sin buscar una comparación con la novela base, es posible encontrar una verdadera joya del cine de terror, que no sería superada sino hasta que El Silencio de los Inocentes lograra su lugar como reina del terror en 1991 (y que a la fecha no tiene sucesor, pero eso es otra historia).

Mi valoración personal:

Del libro:
Calificación:
9

De la película:
Calificación:
9
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lunes, 6 de enero de 2014

Harry Potter y la cámara de los secretos. Rowling contraataca.


El invierno de 2002 llegó pronto. Y como era obvio, la segunda parte de la historia de Harry Potter no se hizo esperar. En realidad, 2002 fue un año interesante, dado que las tres principales franquicias cinematográficas del momento (Harry Potter, Star Wars y El Señor de los Anillos) estrenaron películas ese año y, casualmente, todas las películas eran una segunda parte, suceso que no se repetiría (la tercera entrega de El Señor de los Anillos llegó en 2003, en tanto que la de Harry Potter lo hizo en 2004 y Star Wars lo hizo hasta 2005), en fin, un suceso interesante que sólo dejó entrever la gran competencia que las tres sagas tienen entre sí.
La película se basó en el libro homónimo de J. K. Rowling, publicado en 1998 en Inglaterra. Para entonces, Harry Potter ya era un fenómeno mundial. El libro contaba la historia de cómo, de forma sumamente inverosímil, Harry Potter había regresado al encierro con sus tíos, los Dursley, y la forma en que recibió una inesperada visita de un personaje curioso: Dobby el elfo doméstico advierte a Potter de que se desatarán horrores este año en Hogwarts (nunca menciona cuales, lo que es parte del misterio). Tras un escape atrabancado de casa de sus tíos y una llegada a Hogwarts en donde se mezcló una barrera bloqueada y un Ford Anglia volador, se desata un suceso por demás extraño: la cámara de los secretos ha sido abierta por el “heredero de Slytherin”, personaje que se mantiene en total misterio y se llega a sospechar en cierto punto de la trama, que es el mismísimo Harry Potter.
Las cosas no pueden ir peor, porque se suscitan varios ataques en contra de estudiantes del colegio, estudiantes que son denominados “sangre sucia”, por no tener ascendientes magos,  y ello provoca que se extremen precauciones. En cierto  punto, se une al grupo de los petrificados la amiga de Harry Potter, Hermione Granger, con lo que la búsqueda por el Heredero de Slytherin se intensifica, y pese a intentos muy ingeniosos como el uso de la “poción multijugos” para tratar de desenmascarar a Draco Malfoy (el eterno rival de Potter), la investigación no da resultado, hasta que un día Harry se encuentra un viejo diario en blanco. Está dispuesto a deshacerse de él cuando escribe algunas palabras en él, y se percata que el diario le contesta, y le revela que la cámara ya había sido abierta cincuenta años antes, y que en aquella ocasión murió una estudiante, también revelando que Hagrid (guardabosques de Hogwarts y amigo de Harry Potter) fue expulsado por ser considerado culpable de tal crimen (primer pregunta: Si supuestamente mató a una estudiante, ¿por qué no está en prisión?) y cuando el heredero deja un mensaje diciendo que se ha llevado a una estudiante a la cámara de los secretos, Harry desentraña el misterio del lugar donde se encuentra su entrada, y así logra acceder a la misma, para darse cuenta que el heredero de Slytherin es nada menos que Voldemort (¿acaso podría ser otro?) y, tras vencerlo de nuevo (tercera vez consecutiva Voldemort 0 – 3 Harry), logra liberar a la hermana de su mejor amigo del trance en que se encontraba en la cámara de los secretos, y nuevamente, todos felices y contentos.
El libro adopta un esquema parecido a su antecesor. Una historia tipo Sherlok Holmes, donde debe desentrañarse un misterio, combinada con el mundo mágico clásico adaptado fielmente por J.K. Rowling. Como su predecesor, un libro exquisito, con un toque más oscuro pero no por ello menos interesante. La fórmula funcionó por segunda vez.

La película: Chris Columbus da en el grano.


Al igual que con la cinta previa, Chris Columbus y sus productores lograron adaptar el libro con una fidelidad amplia, lo que resulta benéfico para una obra basada en uno de los libros mejor vendidos, porque el público sabe lo que va a ver.
Definitivamente esta película tuvo un tono más oscuro, pero no menos infantil que la anterior. No estuvo mal, pero por tratarse de una segunda parte de una historia que ya para entonces tenía otros dos libros en su haber, era más que obvio que el personaje principal saldría airoso de esta historia.
Para su año, los efectos visuales son buenos, aunque al paso de los años parezcan auténticas tomas sacadas de Play Station 2.
En realidad se trató de una digna sucesora de La Piedra Filosofal, y eso continúa siendo decir mucho, porque a partir del 2005, las entregas de Potter en el cine serían peores.
Calificación:
Del libro
Calificación:
8.5

De la película:
Calificación:
8

domingo, 5 de enero de 2014

IT, de Stephen King. Un excelente libro, arruinado en su adaptación fílmica.

No fue hace mucho, en los primeros días de 2012, entré en una librería. Un libro de 1503 páginas salió en una bolsa de plástico junto conmigo y yo llevaba menos dinero para gastar. Así comenzó para mí una de las más largas travesías literarias que he vivido. Hasta ese momento, el libro con mayor número de páginas que había leído era un texto de la universidad en 2011, (Derecho de las Obligaciones, de Ernesto Gutiérrez y González, 1346 páginas), pero la novela más larga se remontaba a mucho antes: cuando en 2004 la saga de Harry Potter entregó un monstruo de 893 páginas. Y como muestra de lo larga que es la historia, fue hasta el 15 de abril de ese año que pude finalizar la lectura de semejante libro (claro, estudiando la universidad es poco lo que se puede leer por placer, pero eso no mella lo tardado que fue leer la obra de King)


Era la segunda vez que leía un texto del célebre Stephen King y, aunque conocía rasgos generales del personaje, nunca antes había visto el filme de 1990 que muchos de los de mi generación consideran “arruinó su infancia”.  Afortunadamente yo no, cumplí veintiún años leyéndolo, y por fortuna, aunque me causó miedo, no pasé una sola noche sin poder dormir por el librito.




La trama gira en torno a un personaje extraño, que es imposible denominarlo correctamente, o saber qué es, y por lo tanto los niños protagonistas (“los perdedores”, como se les denomina en el libro) le denominan It (que es el artículo infinitivo en inglés, que se traduce a menudo como “lo” o como “eso”) de ahí el nombre de la novela y su traducción al español.



Eso generalmente adopta la forma de un payaso que es una mezcla entre el payaso Bozo y Ronald McDonald, un payaso simpático, conocido como “Pennywise”, un payaso verdaderamente siniestro, dado que se alimenta del terror de los niños hasta su muerte.

En ese contexto, la trama comienza con la muerte de George Denbrough, a manos de Eso, y con ello una oleada de asesinatos infantiles que asolan el poblado de Derry, en el estado norteamericano de Maine a mediados de los años 1950, ola de asesinatos que se atraerá la atención de un grupo de niños “los perdedores”, entre los que se encuentra el hermano de George, Bill Denbrough, quien se asume como el líder del grupo.

Tras una investigación y búsqueda del payaso, que adoptará diversas personalidades durante el desarrollo de la trama, especialmente la de Bob Gray, el grupo de los perdedores lo derrotan en su escondite.
O eso creían; veintitantos años después de la primera confrontación, los perdedores ahora tienen vidas prósperas, hasta donde cabe. Bill Denbrough es un aclamado escritor casado con una actriz supermodelo, y sus antiguos amigos de la infancia tienen carreras igual de exitosas, aunque todos ellos se han distanciado entre sí, es más, ni siquiera se recuerdan, no obstante, una vieja promesa los hace regresar a su antiguo poblado cuando, en 1985, se desata una nueva ola de asesinatos infantiles.

Veinte años más viejos, sin las ilusiones y miedos de niños, los “perdedores” se vuelven a enfrentar a Eso, para quien ha sido un parpadeo en su eterna vida, pero sus enemigos han vivido un tercio de sus vidas. Contrario a sus planes, Eso es derrotado nuevamente y en definitiva, dentro del “macrocosmos”, y tras una lucha fuerte en que se descubre que “la tortuga”, personaje que ayudó a Denbrough a derrotar a Eso la primera vez, ha muerto. Pese a algunas pérdidas en el proceso, el grupo de los perdedores libra finalmente a Derry de su monstruo. El final es agridulce, pero nada malo para una historia de Stephen King.

En realidad, la historia me pareció bastante buena, narrada y estructurada de tal modo, que los años 1950 y 1980 se intercalan a la perfección en una historia que llega a su culmen de forma impresionante. El nivel de descripción y de detalle es tal, que el lector puede imaginarse todo como si ocurriera ante sus ojos. Stephen King se gana a pulso el título de maestro del terror, dado que las secuencias de miedo son descritas y desarrolladas con tal precisión y estilo, que vale la pena cada una de las mil quinientas páginas de extensión. Muy recomendable.

La película: Una comedia comparada con el libro

No me gusta juzgar así una película, porque entiendo que el productor habrá tomado todo su empeño en hacer algo decente, pero pese a las más de tres horas que dura el telefilme, no es rescatable gran cosa del mismo, es decir, la película es una bazofia.
Ni por dónde empezar. La pobre caracterización de los personajes (nunca logré diferenciar bien las escenas de 1950 de las de 1980, salvo por los vehículos) hace que todos los “perdedores” se parezcan entre sí. Todos visten igual, y sólo se puede diferenciar a Mike porque es negro, a Richie porque habla mucho y a Beverly porque es mujer. Lamentable.
La película corta muchas de las secuencias impresionantes del libro, y hace aparecer a Eso única y exclusivamente como un payaso, que, eso sí, es interpretado de forma sublime por Tim Curry, sin embargo, y pese al horror que transpira el actor, no logra convencer la caracterización tan errónea y la falta del elemento Eso, es decir, el hecho de que el antagonista debe ser más etéreo e incorpóreo que un simple payaso.
De tal suerte que, pese a que la película cuenta la historia parecida a la del libro, tiene fallos imperdonables que le quitan el sabor a Stephen King, y lo dejan más bien como una película cómica que intenta asustar (algo así como Una Película de Miedo, pero ésta era desde un inicio una película cómica) tal vez fue el haberla visto tras leer el libro de King, pero en realidad, me decepcionó bastante.
Corren rumores no confirmados de que se re adaptará el libro, esta vez para la pantalla grande. Espero que así sea, porque fueron muchas cosas las que se quedaron fuera de escena.
Mi valoración personal:
Del Libro: 
Calificación:
De la película: 
Calificación:

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sábado, 4 de enero de 2014

Harry Potter y la Piedra Filosofal: el inicio de una generación.


Invierno de 2001. Muchos niños fueron al cine a ver esa película. Yo no. Por alguna razón que tal vez tenga que ver con la publicidad que la exhibía como más taquillera que “La Guerra de las Galaxias”, no quise ir a verla. Hoy me alegro de haberlo hecho así.
Meses después, comencé a leer un libro de portada amarilla y escrito por una tal J. K. Rowling. Al principio, más renegado a que tarde o temprano, tendría que ver la película, y sobre todo, debido a que la maestra de la clase lo dejó. Para el tercer capítulo, ya no podía parar de leer. La narrativa de la historia estaba contada de un modo tan exquisito, claro, por entonces tenía once años recién cumplidos, y la historia me pareció más que interesante.
En realidad, era el primer libro que, sin contener más ilustración que la portada, leí completo, y lo hice en menos de 48 horas, lo que aún es un récord para mí.
La verdad es que para tratarse de un libro para niños, Rowling lo hizo excelente. Los personajes fueron interesantes. El protagonista es –como en muchas sagas, en realidad- alguien que tiene poderes ocultos, y que con el tiempo comienza a aprender a utilizarlos.
Rowling hizo una obra digna de llevarse a la pantalla grande, donde combinó los elementos clásicos de las leyendas británicas sobre brujas y magos, llevándolas a la perfección en una obra con perspectiva propia, es decir, una historia original en un mundo clásico, ya conocido, pero no por ello menos fascinante.

Sinopsis

Harry Potter queda huérfano y debe vivir con sus tíos, los Dursley, quienes (al parecer) le aborrecen. Nunca se entiende realmente cómo se lograron soportar durante once años, pero lo hicieron. Un día Harry recibe una carta que sus tíos no quieren que lea, pero tras un elaborado pero fallidlo intento, Harry lee la carta que dice que ha sido aceptado en el colegio Hogwarts de magia y hechicería; revelando el secreto de que es un mago; y no sólo eso: resulta que es famoso, porque diez años antes, en un hecho que no logra recordar, logró vencer a (cualquier parecido con Carlos Salinas de Gortari es pura coincidencia) un tipo calvo, sin escrúpulos, que todos temen decir su nombre y que, si bien no existe ya de forma corpórea, al parecer en algún lugar sigue moviendo los hilos (reitero, cualquier parecido con el presidente de México de 1988 a 1994, es pura coincidencia).

A la izquierda, la portada norteamericana de la primera edición, al centro la nueva portada británica y a la derecha la nueva portada norteamericana.

Estudiando en Hogwarts surge el misterio de la piedra filosofal, una substancia legendaria que transforma la materia en oro y produce el elixir de la vida, haciendo inmortal al que lo bebe. Esa piedra, que se encuentra custodiada en el colegio, es el objetivo principal de Voldemort (El salinista innombrable) para recobrar su antigua fuerza. Tras múltiples obstáculos, Harry consigue arrebatar la piedra filosofal a un secuaz de Voldemort, no sin la ayuda de sus amigos Ron y Hermione.


Crítica:

Desde el punto de vista de un niño, e incluso un adolescente, el libro es excelente, su trama despierta un profundo interés desde su inicio, y, desde luego, atrapa al lector con una redacción sencilla. Para ojos un poco más experimentados, podría parecer una trama infantil y predecible. No obstante, estimo que aún así, se debe de valorar la manera en como Rowling toma elementos clásicos de las leyendas europeas y la tradición inglesa de la superstición en las brujas, para generar un cuento magistral, donde le da vida a sus diversos y entrañables personales.
Desde luego sus recursos literarios son amplios, dando una redacción con excelentes descripciones sin rayar en lo excesivo.
Como comienzo de una saga es excelente y juega el importantísimo papel de presentar a los héroes y villanos que formarán parte de la historia. Quizá el lector termine con más preguntas que respuestas, pero realmente, ese es el papel de una primera parte de una saga. Rowling escribió algo verdaderamente bueno, y desde luego generó una franquicia que al día de hoy le sigue redituando en cantidades fabulosas, al grado de que en 2001, sólo cuatro años después de la publicación de este tomo, su obra se llevara a la pantalla grande.

Uno de los papeles más fundamentales que ha tenido esta saga literaria es llevar la lectura a una generación más afecta a ver las películas sin leer los libros, y eso definitivamente es de agradecerse.

La película: Chris Columbus dio en el grano

Un par de días después de que finalicé la lectura del libro, pude ver por fin la película a que meses antes me había negado rotundamente. Chris Columbus logró pasar a la pantalla casi con exactitud el libro, lo que a mi parecer fue excelente. 
En efecto, el trabajo de un buen director de cine en materia de adaptación es tratar de recrear lo más posible el universo que se le plantea, sin hacer modificaciones demasiado trascendentales a la trama o a los personajes, ello porque, a fin de cuentas, habrá un universo de expectadores que leyó el libro y querrá ver lo que se imaginó, o al menos lo más cercano posible.
Si bien es cierto se omitieron pequeñas partes que, en realidad son irrelevantes para el desarrollo de la trama, la realidad es que, entre el reparto escogido sabiamente (se rumora que el actor que interpretó a Harry fue elegido por la propia autora del libro, cosa que jamás he confirmado) y el logro en la realización de los estudios y locaciones, me pareció una película estupenda, lo que es de admirarse, dado que algunas de sus sucesoras fueron, a mi juicio, una bazofia.


Mi valoración personal:


Del libro:
9.2
Calificación:
De la película:
8.4
Calificación:

¿Qué opinas? ¿Qué te gustó más, el libro o la película? Tu opinión es importante.

viernes, 3 de enero de 2014

El Rey León: Hamlet para niños

Era el verano de 1994, yo tenía 3 años y en aquellos días visitaba las salas de cine muy a menudo, dado que mi papá trabajaba en el cine. La película infantil del año se titulaba “El Rey León”.

Como muchos de los niños de mi edad, vi El Rey León como la historia de un leoncito que toma su lugar en lo que en la historia se denomina “el ciclo de la vida”. Por aquellos días era completamente ignorante de las obras de William Shakespeare y juzgué la película como una –por fin- obra original de los estudios Disney, dado que todas las historias anteriores que yo conocía (Blancanieves, la Cenicienta, Pinocho, entre muchas otras), resultaban ser obras que era bien sabido, ya se habían escrito antes.
La historia me impactó profundamente. Es fácil como niño identificarse con Simba, el príncipe atrabancado y malcriado que quiere convertirse en Rey, quiere crecer porque, en su concepto, los adultos pueden hacer lo que quieran sin consecuencias. Nada más equivocado, como lo verá el personaje principal; pues tendrá que afrontar el hecho de que no sólo él es el verdadero Rey a la muerte de su padre, sino que debe luchar contra su tío, quien usurpó el trono llevando casi a la ruina al reino. Tras el inevitable enfrentamiento, el usurpador es vencido y todos felices y contentos. Esa es, a grandes rasgos, la historia de El Rey León.


Muchos años después, me vine a enterar que la película de animación que considero mi favorita (de una lista muy corta, realmente) no es sino una adaptación de la antiquísima obra de William Shakespeare, Hamlet, escrita a principios del siglo XVII.
Hamlet comienza con la aparición del fantasma del Rey Hamlet de Dinamarca a su hijo, a quien le ordena que vengue su muerte, revelándole que fue asesinado por su hermano Claudio. En este caso, Hamlet no es un niño malcriado que quiere ser rey por los beneficios de serlo, es más bien un adolescente-adulto (la obra en realidad no revela la edad del personaje, pero en mi muy humilde opinión su edad debería oscilar entre los 19 y los 28 años). Es un personaje que guarda el luto de su padre (Es importante establecer que mientras El Rey León narra cabalmente la muerte de Mufasa, de tal suerte que al inicio de la historia, éste está vivo y muere durante la historia; en el caso de Hamlet, la historia comienza después de la muerte del Rey Hamlet, lo que en El Rey León sería casi a la mitad de la película), y que se encuentra anonadado dado que poco tiempo tiene de muerto su padre, y su madre ya se ha casado con su tío, quien ha asumido el trono de Dinamarca.
Allí se nota una diferencia aún mayor: en El Rey León, Scar convence a Simba de que tiene la culpa de la muerte de su padre, y que le conviene huir, es decir, queda perfectamente claro que para Scar, Simba es un obstáculo para acceder al trono, mientras que en Hamlet, Claudio se limita a liquidar a su hermano el Rey Hamlet, sin reparar en su sobrino del mismo nombre, es decir, mientras en El Rey León la huida de Simba es algo que sucede inmediatamente después de la muerte de Mufasa, en Hamlet ello no ocurre hasta avanzada la obra (teniendo en consideración que la obra inicia cuando el Rey Hamlet ya ha muerto).

Disney y sus cambios

Como ya venía ocurriendo en sus anteriores producciones, Disney cierra el paso a las partes menos favorecedoras de la historia. En efecto, en la obra de Shakespeare la madre de Hamlet, Gertrudis, se casa con el nuevo rey Claudio, y existe una relación amorosa entre ambos (que no es otra cosa que incesto). Por su parte, Hamlet desde el primer momento está decidido a vengar la muerte de su padre, sin que obste para ello el idilio que sostiene con Ofelia, e incluso (en un acto claro de confusión, pero ello no merma el instinto asesino del personaje) mata a Polonio.
Todas esas escenas y actitudes, icónicas de la obra de Shakespeare, fueron cortadas de tajo por la casa Disney. En cierto modo es correcto ese proceder, debido a que la obra de Shakespeare está pensada a un público más adulto y, finalmente, el negocio de Disney es hacer películas para niños.
Sin embargo, las mayores discrepancias se encuentran hacia el final de la historia, donde, por un lado Shakespeare no entrega un final feliz, sino uno en donde la lucha principal se da entre Laertes y Hamlet, dando como resultado final la muerte de ambos personajes, pero a su paso mueren Claudio y Gertrudis, y dado que Ofelia muere desde el inicio del quinto acto, se puede decir que todos los personajes principales de la historia mueren al final de la misma.
Ello no ocurriría en El Rey León, Simba obliga a Scar a confesar sus actos, y el duelo principal se da entre ellos (cabe resaltar que el personaje de Laertes no tiene equivalencia en El Rey León, dado que Simba nunca mató nadie que pudiera ser el padre de Laertes).
La historia termina mostrando la derrota de Scar, como única víctima fatal de la lucha, Simba retoma su puesto como rey y todos felices y contentos.
En realidad, la historia de Hamlet es excelente, y cualquier adaptación basada en la misma garantiza ser entretenida e interesante, El Rey León, como ya se apuntaló, tiene el sello de Disney por todos lados, quitando las partes que no serían “aptas para niños” y más para los niños de 1994, quienes no teníamos una televisión tan sexuada y violenta como la de hoy en día. Disney logró hacer una adaptación decente de una obra de Shakespeare, aunque, como es obvio, la gran mayoría se quedará con la historia original, pero como introducción de la obra más importante de la literatura occidental, sirve.
El defecto principal de El Rey León no radica ni siquiera en la película en sí misma, sino en las secuelas que vieron la luz años después. Si Hamlet es la obra más importante de la literatura occidental, definitivamente Romeo y Julieta es la obra más copiada, adaptada y representada de la literatura occidental.

La casa Disney, al ver que funcionó la obra basada en Hamlet, cayeron en la trampa de las segundas partes. Con poquísimas excepciones, las segundas partes, por lo general, no son buenas, sobre todo, si ellas no fueron correctamente estructuradas desde un inicio (Verbigracia: El Señor de los Anillos ya tenía estructuradas sus tres partes y de hecho el autor la escribió como un solo libro, y fue cuestión editorial dividirla en las tres partes que hoy conocemos: La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey) no obstante, El Rey León no tenía una historia preestablecida, y los productores se decantaron por adaptar la obra más reproducida de la historia, pretendiendo hacer un Romeo y Julieta, obra que, a diferencia de Hamlet, tiene tal exposición al mercado y tal número de representaciones y adaptaciones, que el público conoce la línea argumental a la perfección y resulta perfectamente predecible. La primera parte de El Rey León fue magnífica, estupenda y con creces una de mis películas favoritas, su secuela es digna de verse una sola vez en la vida, y nada más.
¿Qué te parece la obra? ¿Estás de acuerdo? Danos tu opinión.